Adiccion a los videojuegos y la zona de confort.

Última actualización: 26 de noviembre de 2025
La adicción a los videojuegos: una mirada desde el psicoanálisis
Los seres humanos solemos resistirnos al cambio. Permanecer estáticos puede resultar más cómodo que movilizar nuestras energías hacia nuevos proyectos o caminos diferentes. Este estancamiento, tan frecuente en la clínica, tiene relación con lo que Freud llamó pulsión de muerte, esa tendencia a buscar la quietud, la inercia y la renuncia al movimiento vital.
La tranquilidad constante puede ser seductora. Muchos sujetos viven instalados en una calma interminable que, si se prolonga demasiado, se convierte en una pérdida de vida psíquica. El exceso de paz nos aleja del deseo y de las experiencias significativas. Paradójicamente, mientras la muerte avanza día a día —a través del desgaste celular, del tiempo y del cuerpo—, algunos jóvenes parecen huir del disfrute de la vida para refugiarse en un descanso sin sentido. Actúan como si fueran eternos.
Un ejemplo evidente es la adicción a los videojuegos. ¿Qué ocurre en la vida psíquica de un joven que pasa horas frente a una consola? En el videojuego puede convertirse en un héroe, un guerrero invencible o un mago todopoderoso. Puede morir y renacer infinitas veces. Puede vivir aventuras imposibles sin riesgo real. Es una clara realización alucinatoria del deseo, donde se cumplen fantasías omnipotentes que no encuentran lugar en la vida cotidiana.
Los videojuegos ofrecen una fantasía difícil de abandonar. Las empresas diseñan estos mundos digitales para mantener al jugador atrapado, casi zombificado, garantizando así su permanencia y consumo. El precio emocional lo paga el joven: menos contacto con la realidad, menos lazos sociales, menor tolerancia a la frustración.
¿Por qué son tan seductores los videojuegos?
Porque permiten escapar de un dolor emocional que no ha sido tramitado. En el mundo virtual:
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el rechazo no duele
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la humillación no existe
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la timidez no incomoda
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el fracaso no lastima
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la muerte no tiene consecuencias
El personaje “sufre”, no el jugador.
Muchos jóvenes se refugian en el videojuego porque enfrentan situaciones internas y externas dolorosas:
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inseguridad para relacionarse afectivamente
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bullying escolar o violencia familiar
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falta de límites claros durante la infancia
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escasa tolerancia a la frustración
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dificultad para sostener el esfuerzo necesario para lograr algo real
En todos estos casos, el videojuego ofrece un alivio inmediato… pero también profundiza la desconexión emocional.
¿Cómo ayudar a un joven con adicción a los videojuegos?
La tarea no es sencilla. La función de los padres es fundamental, pero también compleja, porque cada padre educa desde lo que recibió de sus propios padres. Aun así, sí existen caminos para acompañar al chico:
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Iniciar un tratamiento con un psicoterapeuta psicoanalítico, donde el joven pueda explorar sus conflictos, deseos, miedos y fantasías.
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Que los padres también trabajen en su propio crecimiento emocional. Un hogar con mayor estabilidad afectiva ayuda a que el joven regrese al mundo real.
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Acercar al adolescente a actividades que conecten con su deseo real: arte, deporte, música, electrónica, lectura, campismo o cualquier experiencia que lo vincule con la vida.
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Fomentar la confianza, de modo que el chico pueda hablar de su mundo interno sin miedo a ser juzgado o castigado. La escucha genuina es una herramienta terapéutica en sí misma.
La adicción a los videojuegos no es solamente un problema de ocio o de disciplina: es un síntoma psíquico, una forma de negar el dolor interno y una huida de la realidad. Comprender lo que ocurre detrás del juego es el primer paso para recuperar la vitalidad y el deseo.
Si notas que tu hijo se está aislando o perdiendo interés en su vida cotidiana, buscar apoyo psicológico puede hacer una gran diferencia.
Puedes agendar una consulta informativa desde el botón de WhatsApp que aparece en esta página, si así lo deseas.

Adiccion a los videojuegos
